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Humos de misterio (Segunda parte)

Actualizado: 21 jul 2025


Todos seguimos al jefe como si fuésemos un grupo de turistas visitando unas grandes oficinas en su día de vacaciones. El olor a papel y tinta inundaba cada rincón, pero no me disgustaba, ya que estaba acostumbrado a mezclarme con esos olores. Avanzamos hasta la mitad del espacio, donde había una puerta en el lateral izquierdo que conducía a un pasillo largo. Giramos hacia la izquierda y, al final, en una puerta, se leía un cartel que decía: “Almacén”. Entramos de uno en uno y nos colocamos en el centro, formando un semicírculo.

Las estanterías estaban ordenadas con archivos, cajas y material de copistería, todo etiquetado con precisión. Sin embargo, unas cajas tiradas por el suelo rompían esa armonía.

—Esa es la ventana por la que saltó —dijo Carter, señalándola con el dedo.

Me acerqué a ella. No era de grandes dimensiones, pero lo suficiente para que pasara el cuerpo de una persona. A diferencia de las ventanas de los cubículos, que iban de arriba a abajo, esta solo ocupaba media pared. Resultaba inquietante que estuviera abierta.

—Según la normativa, este tipo de ventanas deberían permanecer cerradas —le dije, serio y contundente—. ¿Por qué está abierta?

—Si le soy sincero, no lo entiendo. Es lo mismo que le dije al encargado de policía —respondió, encogiéndose de hombros—. Siempre están cerradas con llave, y esa llave la tengo guardada en un cajón de mi escritorio, bloqueado por un código. Solo la abrimos cuando vienen a limpiar o si hay algún problema para ventilar, pero siempre bajo mi supervisión.

Demasiado ordenado. Demasiado lógico. Y, sin embargo, ahí estaba la ventana, abierta.

Mientras pensaba, volví a fijarme en aquellas cajas tiradas por el suelo. Algo en su disposición resultaba extraño, como si hubieran sido empujadas con prisa.

—Seguro que ha sido Steve, el nuevo, que todavía mete la pata y no sabe dónde van las cosas —dijo, lanzando una mirada fulminante a Steve, quien respondió cerrando los ojos—. ¡Steve, recógelas ahora mismo!

—¡Espere! —interrumpí rápido—. Podrían darnos alguna pista, así que por ahora sería conveniente no tocar nada del escenario del crimen.

—¿Crimen? —respondieron todos al unísono.

—¿Está insinuando que alguno de nosotros ha matado a la víctima? —preguntó Lisa con arrogancia—. Esto es absurdo y un insulto. La policía ya ha venido, nos ha tomado declaración, y hasta donde yo sé, tenemos coartadas.

Cruzó los brazos, giró el rostro con brusquedad y su mirada ardió. Los demás empezaron a hacer preguntas similares, intentando despejarse de culpabilidad y queriendo irse lo antes posible. Sin embargo, mi deber era hablar con cada uno por separado, así que decidí empezar con Carter, quien me aseguró que tenía una reunión importante y quería terminar esto cuanto antes.

—Perfecto. Los demás esperarán afuera con Tom, y dentro se quedará la persona interrogada —les dije, mirando a Tom, quien asintió con la cabeza—. Empezaremos contigo, Carter.

Los demás salieron de la habitación, y Tom cerró la puerta tras ellos. Finalmente, solo quedamos Carter y yo. Saqué mi bloc de notas del bolsillo, algo nervioso. La situación me había provocado unas ganas tremendas de encenderme un cigarro, pero, muy a mi pesar, estaba en un espacio libre de humo. Saqué un diminuto lápiz de otro bolsillo, una de esas cosas que nunca cambias aunque sabes que deberías. Solté un suspiro y empecé a hablar con Carter.

Me comentó que, a la hora del crimen, a las 10 a.m., estaba en su despacho haciendo una llamada a un socio, quien después me corroboró lo que me dijo. Sin embargo, unos minutos antes, Carter había ido al baño, que queda justo al lado del almacén, y al regresar aprovechó para coger unos folios para enviar un fax a ese socio. Me señaló que cuando iba al almacén, vio a Lisa entrando al baño sobre las 9:50 h.

—¿Los agarró usted? —le pregunté, sorprendido—. Pensaba que ya tenía personal para hacer esas tareas.

—¿Por quién me toma, por un jefe esclavizador? —respondió, con cierto tono de ironía.

No respondí. Su tono pretendía distender, pero no quitaba lo raro de la escena. Anoté esa información en mi bloc y proseguimos con la interrogación. No pude sacar mucho más en claro, pero sí que me ayudó a hacerme una idea de cómo lo habría hecho si hubiera sido él. Según sus declaraciones, cuando entró al almacén, las cajas no estaban en el suelo. Miré la diminuta página del bloc donde escribí: “Información Carter”.

Notas - Información Carter:

  • Llamando a un socio a las 9:55 h (hora del crimen).

  • 15 minutos antes fue al baño. Estuvo 5 minutos, luego al almacén por folios (2 minutos).

  • Las cajas estaban ordenadas.

  • Se cruzó con Lisa a las 9:50 h. Él entró al almacén, ella al baño.

  • Le sorprendió el suicidio: la víctima estaba a punto de ascender.

  • Solo él guarda la llave de la ventana bajo código.

Tras revisar las notas, le agradecí por su tiempo y le dije que ya podía ir afuera con el resto.

—Espero que no me tenga que volver a llamar. Tengo demasiado trabajo para jugar a los detectives cuando se ha dicho que es un suicidio —me dijo, despectivo, mientras se dirigía hacia la puerta.

No quise hacer ningún comentario. Simplemente levanté el brazo en señal de despedida. A continuación, entró Lisa, con paso rápido y mostrando un rostro de enfado.

—A estas horas, yo tendría que estar fuera del trabajo, así que, rapidito —dijo, con tono irritado—. Aquí no pagan horas extras.

Suspiré. Sabía que iba a ser difícil tratar con ella, pero ya había lidiado con personas peores. Paciencia. Comencé preguntándole lo mismo que a Carter. Lisa se encontraba en el baño retocándose el maquillaje, al menos estuvo allí unos quince minutos. Dijo que, cuando salió, ya había mucha gente en el almacén mirando por la ventana, y ella simplemente se unió para ver qué había pasado. Al saber lo ocurrido, se mostró algo trastornada, ya que Liam, la víctima, era muy amigo suyo; había sido su mentor cuando empezó, y desde entonces habían forjado una buena amistad. En ese momento, las lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos, y se tapó la cara con las manos. Sus uñas, de un rojo pasión, captaron mi atención.

La dejé llorar unos minutos para no interrumpir su luto, pero enseguida le pedí que me enseñara las manos. Las tenía bien cuidadas, dedos largos, uñas definidas. Le pregunté si le gustaba cuidarse, utilizar cosméticos, tratamientos. Me respondió afirmativamente, así que le pedí que me las mostrara de nuevo. Las agarré con cuidado. Algo no cuadraba: las uñas tenían rugosidades, pequeños desperfectos. ¿Golpes? ¿Estrés?

—¿Se puede saber qué hace? —me preguntó, apartando la mano de golpe y agarrándola con la otra.

Se la veía nerviosa. Su tono altivo había virado a uno más dubitativo, casi frágil.

—Lo siento, no me gusta que los hombres me retengan tanto tiempo de esta forma —dijo, mirando al suelo.

—¿Y eso? —le pregunté, genuinamente curioso.

Al principio se negó a contarme nada, pero luego admitió que había sufrido acoso sexual en el trabajo. Cuando quise indagar más sobre el asunto, comenzó a temblar y no quiso revelar el nombre. Lo cual me llevó a pensar en Carter. ¿Miedo a hablar? ¿Protección?

—Mire, esto también es importante, y creo que debería denunciarlo a la policía —le dije, con tono calmado—. Si quiere, yo podría ayudarla.

Estuvimos unos minutos en silencio. No quería hablar. Al ofrecerle mi ayuda por segunda vez, me la rechazó con brusquedad. Sus ojos estaban llenos de lágrimas, pero su mirada destilaba rabia. Según sus declaraciones, parecía tener una coartada perfecta. Sin embargo, ese tiempo en el baño había sido demasiado largo.

Lisa cogió un pañuelo para secarse las lágrimas sin estropear su maquillaje y lo guardó en su bolso. Por última vez, le pregunté si había entrado en el almacén. Ella lo negó, asegurando que cuando lo hizo, el accidente ya había ocurrido.

Suspiré. No sería fácil, pero no era imposible. Sabía que podría sacar más información más adelante.

—Está bien, puede salir con los demás —le dije, señalando la puerta.

Me quedé pensando unos momentos antes de hacer pasar al siguiente sospechoso. Aproveché para anotar los datos que le había sacado a Lisa.

Notas - Información Lisa:

  • A las 9:50 h va al baño a retocarse, permanece 15 minutos.

  • Le gusta cuidarse estéticamente.

  • Ha sufrido acoso sexual (posiblemente Carter, sin confirmar).

  • Fue mentora de la víctima.

  • Cuando salió del baño, Liam ya había muerto.

  • No reconoce haber entrado al almacén.

Repasé las notas de los dos sospechosos que había interrogado hasta ahora. Mis manos comenzaron a temblar levemente. Miré mis dedos: era hora de un cigarro. Pero aún no. Llamé al siguiente sospechoso: Henry.

Cuando entró, lo hizo decidido; apenas mostraba un gesto o apariencia que pudiera delatar nerviosismo. Su altura imponía, parecía de esos cerebritos que apenas hablan pero tienen una mente brillante. La conversación fue muy fluida, como si nos conociéramos de toda la vida, ya que hablaba con mucha confianza y detalle. Me aseguró que no se había movido de su escritorio. El único momento en que se había levantado fue a las 9:30 h para salir a fumar. Levanté las cejas de golpe, pues creía que en este edificio estaba prohibido.

—¿Dónde fuiste a fumar? —le pregunté con atención, buscando una posible vía de escape.

—Justo al lado de los baños hay una puerta de emergencia. Por ahí tienes acceso a las escaleras externas —dijo, con la mirada perdida—. Pero le agradecería que no se lo comentara a Carter; en principio no está permitido fumar aquí.

Solté una sonrisa. Vaya con el chico perfecto, pensé. Aun así, le pregunté si sabía algo de la víctima o si había visto algún movimiento extraño.

—De hecho, sí —afirmó mientras asentía con la cabeza, con un gesto brusco—. En ese momento, Liam y yo estábamos fumando y hablando sobre lo que haría cuando le ascendieran. Me contó todos los planes que podría cumplir con la subida de sueldo, y yo estaba muy contento —miró al suelo con rabia, y pude ver algunas lágrimas en sus ojos.

Hubo unos segundos de silencio. Cuando me dispuse a pronunciar una palabra, me interrumpió con un grito.

—¡Liam no tenía motivos para suicidarse! —exclamó, con expresión de enfado y rabia, quitando de golpe esa imagen de chico bueno.

—¿Sabes algo más? —pregunté, con cautela.

—Después de fumar el cigarro, entró al edificio riéndose. Yo me quedé un rato más afuera. Me gusta disfrutar del aire fresco.

—¿Estuviste mucho tiempo? —pregunté, con el bloc listo para anotar.

—No mucho. Quizá un par de minutos —contestó, llevándose una mano a la barbilla y fijando la mirada en el techo—, pero sí escuché una conversación algo extraña entre Lisa y Steve. Cuando me levanté de las escaleras, vi que alguien salía por la puerta. Por miedo a que me pillaran, subí unos escalones más para que no me vieran, pero sí pude escuchar su conversación.

Henry me contó que Lisa le decía a Steve que en unos minutos tendría que ir a recoger cierto material de las cajas en el almacén. No pudo distinguir qué era, pues el ruido de los coches y el bullicio de la ciudad impedían que la conversación fuera clara. Lo que sí pudo confirmar era que Steve tenía una voz temerosa, como si Lisa le estuviera amenazando. Después de que ambos se marcharan, Henry volvió a entrar en las oficinas alrededor de las 9:40 h. Al entrar al pasillo, se encontró con Judith, y me confirmó que ambos se quedaron unos segundos parados. Sin embargo, tras saludarla, fue directamente a su escritorio, mientras Judith se dirigía al baño o al almacén; no pudo precisar cuál, pues no vio dónde entró. No fue hasta que escuchó un ruido que se dio cuenta de que algo había ocurrido.

—Recuerdo que Liam se levantó junto a Steve unos segundos después de que Carter volviera a las oficinas —añadió Henry—. Creo que Steve le pidió ayuda para encontrar algunos documentos o archivos para el trabajo. Luego, a los pocos minutos, uno o dos, Steve volvió solo, sin Liam.

Las declaraciones de Henry fueron muy interesantes, ya que se percibía cierta tensión en ese grupo. Además, me aportó un detalle sobre Lisa que ni ella misma me había mencionado. Anoté cada dato con cuidado en mi bloc.

Notas – Información Henry:

  • 9:30 h: salen a fumar Henry y Liam.

  • 9:35 h: Liam entra.

  • 9:37 h: conversación corta entre Steve y Lisa en las escaleras de emergencia; Steve parece nervioso y Lisa le habla sobre el almacén.

  • 9:40 h: Henry entra al pasillo y se encuentra con Judith, luego se dirige a su escritorio.

  • 9:53 h: Carter sale del pasillo hacia sus cubículos; Liam y Steve van hacia el almacén.

  • 9:57 h: Steve vuelve solo a las oficinas.

Son muchos datos para corroborar, pero tienen sentido. Sin embargo, aún faltan piezas que podrían esclarecer lo ocurrido. Creo que Steve podría darnos mucha más información.

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