Encontrar mi camino
- Anna Soler Soler

- 14 mar 2020
- 1 Min. de lectura
Actualizado: 25 jul 2025

Muchas veces he sentido que soy como un tren, siguiendo un camino preestablecido y marcado por la sociedad. Solo mira al frente, sigue adelante y no te detengas. Sin embargo, hay momentos en los que la tentación de mirar a los lados me sacude. ¿Solo existe un camino?
Es cuando tomo conciencia del rumbo que sigo que me permito girar la cabeza. A ambos lados hay vida: un prado verde, y a lo lejos, un bosque. La niebla que acecha me impide ver más allá. Pero algo en mí lo tiene claro: yo conduzco este tren.
No tengo que seguir siempre una misma vía. Puedo reducir la velocidad, incluso detenerme, si lo necesito. ¿Por qué dejamos que los estímulos externos nos cieguen? No quiero que la vía marque mi camino; quiero marcar mi camino con la vía.
Así que bajo la velocidad. Observo la belleza del momento y lo que me rodea. Por fin empiezo a ver con claridad. Siento quién soy y qué deseo.A lo lejos, entre la niebla, se perfila la silueta de un mecanismo con una palanca. Me preparo. Falta poco. Disminuyo aún más la velocidad. Saco medio cuerpo del tren, estiro el brazo. ¡La tengo!La empujo, ayudada por el leve movimiento del tren.¡Lo conseguí!
Una ola de felicidad me recorre. Me ilumina la cara. Ahora estoy donde quiero estar.
¿Quién dice que no volveré a cambiar de rumbo más adelante?Lo importante es que ahora, elijo yo.



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