El reflejo del miedo y la duda (Castellano)
- Anna Soler Soler

- 17 ago 2020
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 25 jul 2025

Otra vez, como cada día, la misma voz resonaba en mi interior.
—¡Hoy sí! Voy a empezar con mi nuevo proyecto.
—¿En serio? Ya estás otra vez con el mismo tema...
—Creo que esta vez es real. Lo noto.
—Llevas tiempo repitiendo lo mismo, día tras día.
—Porque tengo un sueño. Quiero conseguirlo y llegar a ser quien realmente quiero ser.
—Lo que andas buscando no está al alcance de cualquiera. Necesitas suerte.
—Pero...
—Cada uno ha nacido donde tiene que estar. Tienes que poner los pies en el suelo. Los sueños son eso: sueños.
—Quiero intentarlo, aunque sea solo una vez. Llevo una espina del pasado que nunca dejó de doler.
—...
—Tengo la sensación de que no encajo en ese sistema que tanto defiendes. Siempre me ha costado adaptarme, allá donde he ido. Incluso, a veces, he tenido que renunciar a quien soy... por miedo. —Una lágrima se deslizó acariciando mi rostro.
—¡Pero no te das cuenta! Esta es la realidad en la que vivimos. ¡Despierta de una vez!
—No quiero despertar.
—¿Cómo?
—Porque no estoy durmiendo. —La mirada era penetrante y profunda.— He estado dormida todos estos años, y ahora... ahora creo que me estoy despertando.
—¿Y si no funciona? Sabes que hay probabilidades de fracasar, ¿no?
—Sí. Pero al menos tengo alguna posibilidad de éxito.
—¡No digas tonterías! Sabes cuál es tu papel, lo que tienes que hacer. Así que deja de pensar en estupideces.
—¡No quiero!
—¡Pero es lo que debes!
—¡No! ¡No! ¡No! ¡Déjame en paz! —El grito resonó mientras me agarraba el pelo con las manos temblorosas.— ¡Sal ya de mi cabeza, no puedo más!
Se escuchó un golpe seco contra la pared, seguido de una respiración fuerte y agitada. La mirada estaba fija en el suelo, hasta que poco a poco, la cabeza se fue elevando.
Un espejo.
Pude ver el reflejo de mi rostro cansado, con los ojos rojos y húmedos. Me acaricié la mejilla con suavidad y noté la sequedad de unas lágrimas recién derramadas. Me quedé mirando ese reflejo apagado, abatido, desmotivado. Cabizbaja de nuevo, apoyé ambas manos en la encimera de madera y apreté con fuerza, como si quisiera partirla en dos. Intenté respirar hondo para relajarme y frenar el temblor que sentía en las extremidades. Inspiré. Expiré. Una, dos, tres, cuatro veces. Y volví a alzar la vista.
El mismo rostro de antes.
—Tengo que hacer algo.



Muchas gracias Carolina! No sabes lo bien que va leer estas palabras 😊😊
Maravilloso. Tenía que haber descubierto tu blog antes 📖💜